Durante todo el año la familia planea las vacaciones. Ir a la montaña, la playa, el campo o la sierra es cuestión de gustos y de ponerse de acuerdo. Elegir hoteles, alquilar cabañas, departamentos, casas... son los ofrecimientos que vienen desde afuera para poder optar. Posibilidades no faltan, y cada uno, en la medida de su presupuesto, optará por lo que más le guste y convenga.
Gracias al marketing por internet, las posibilidades se amplian. Planear un viaje, ya sea de vacaciones o no, se torna cada vez más fácil, dado que las ofertas abundan. Esto, por supuesto, si contamos con el dinero o la tarjeta de crédito disponible para usar y si no somos personas a las que las múltiples opciones las apabullan.
Todo parece estar muy lindo, y la palabra viaje o la palabra vacaciones, nunca tuvo sonido más agradable para nosotros que al ser protagonistas del evento. Pero dirijimos nuestra mirada un poquito hacia abajo... y nuestros ojos se posan en alguien más... ahí está él o ella... Con su carita ingenua y sus ojitos dulces nos mira sonriente como queriendo descifrar qué es lo que está sucediendo. Desde su inocencia parece decirnos : “¿Qué pasa? ¿hay algún problema?...”
Allí comienza la otra parte del viaje, la que no habíamos calculado, obnubilados como estábamos pensando en nuestro proyecto, se nos había escapado del plan el otro miembro de la familia. ¿Qué hacer? No es fácil decidir dónde lo dejamos. Muchos hoteles no admiten perros y si no vamos con auto la situación se complica un poco más, por el traslado.
Algunos optan por los lugares donde albergan perros en forma temporaria. Pero, por favor, pensémoslo bien, asesorémonos si ese lugar es un sitio digno para dejar a nuestro compañero, si va a tener el espacio, la comida y por sobre todas las cosas, la contención que necesita y merece.
Pensemos, en el mejor de los casos, que estos sitios pueden estar instalados bajo todas las normas de higiene, cumpliendo las reglas y con una excelente intención, en este aspecto, de parte de sus dueños. Pero lo que le conviene a nuestro perro lo tenemos que decidir nosotros mismos y no las “buenas leyes sanitarias”.
Analicemos la situación de nuestro animal. El o ella necesita sentirse como en casa. Ya bastante traumática es la separación, que ellos, en su mente canina, piensan que es definitiva; o como su concepto del tiempo es diferente al nuestro, pasan días y noches ansiosos esperándonos. Y la espera es una larga tortura...
No quiero, con esto, extender un manto de oscuridad a la alegría de las vacaciones, sólo pretendo que pensemos en todos los detalles, que miremos la situación desde la posición de nuestro perro, que por algo es integrante de la familia. Sería interesante, ya que no va a contar con nuestra presencia por unos días, que por lo menos quede en casa, donde están los olores conocidos, su espacio personal... y también convendría dejarle algún objeto nuestro, como una media o una remera vieja para que de alguna forma nos tenga con él.
Planifiquemos todo varios meses antes de viajar. Si el perro queda en casa, tenemos que tomarnos el tiempo de encontrar a “esa persona especial” que va a hacerse cargo de él, que lo sacará a pasear, le dará de comer, procurará que nunca le falte agua fresca, y, por sobre todas las cosas, que hará todo lo posible para que ese tiempo sea lo más llevadero para él, dado que es inevitable que nuestro perro nos extrañe. Por todo esto es importante que esta persona ya sea conocida por nuestro perro y aceptada como alguien familiar.
Si hemos agotado todas las posibilidades buscando entre vecinos, amigos, familiares, y esa persona no aparece, tendremos que optar por llevarlo con nosotros o buscarle el lugar apropiado dentro de ésos que hay en plaza. Esto toma tiempo porque, como dije anteriormente, debemos ver todos los detalles de ese lugar, teniendo en cuenta la felicidad y el bienestar de nuestro compañero por sobre todas las cosas.
Primero, elijamos “con sabiduría canina” el lugar apropiado, veamos en qué condiciones están los perros que habitan allí y tratemos de asesorarnos a través de otros, en lo posible que sean de nuestra confianza, que ya hayan vivido la experiencia de dejar a su perro en ese mismo sitio. Husmeemos y olfateemos como sabuesos antes de determinarnos por “el lugar”. Una vez elegido, es aconsejable que, antes de llevarlo, vayamos 2 o 3 veces a visitarlo con el perro, para que se familiarice con los olores y con las personas. Y cerciorémonos una y mil veces de cómo él va a estar allí. Llevémonos el número de teléfono y no dudemos en llamar desde donde estemos para saber cómo andan las cosas.
Y ahora relajémonos y miremos esos hermosos días de descanso que nos esperan. Disfrutemos en familia y repongamos fuerzas. Pero recordemos, por sobre todas las cosas, que a nuestro regreso alguien, moviendo la cola, nos espera ansiosamente. Y con una lamidita de bienvenida nos dirá: “Cómo te extrañé... pero, ¡qué suerte que ya estás acá...!
lunes, 28 de enero de 2008
jueves, 17 de enero de 2008
Abrazo Perruno
El otro día estaba leyendo, en una revista local, llamada “Convivir” una nota muy interesante escrita por un médico veterinario homeópata, que hablaba de la manifestación física del amor. El amor genuino, sin egoísmos ni mezquindades, aquél que podemos llegar a manifestar a nuestros padres, hijos, amigos, hermanos, a nuestra pareja. Decía que el abrazo es terapéutico. Eso me recordó un libro que leí años atrás sobre la terapia del abrazo, se llama “Abrázame” de Kathleen Keating y justamente habla de lo bueno que es para el otro, y para uno mismo, abrazar, sobre todo cuando hay cosas que no podemos decir con palabras, porque las excede. Y, en el libro ilustra, a través de osos, los distintos tipos de abrazos para las distintas situaciones y con diferentes personas.
Volviendo al artículo del médico (Dr. Jorge Muñoz), hace alusión a este libro, describiendo algunos tipos de abrazos. ...Y algo que me llamó la atención, fue cuando dice : “No hay nada más lindo que poder darle y recibir un gran abrazo de nuestros perros. También lo podemos hacer con los gatos, aunque tomando algunas precauciones”. Luego agrega : “...Hace muchos años que vengo dando conferencias de divulgación de la homeopatía y lo primero que les llama la atención a los participantes, es que los remedios homeopáticos no tienen materia, sino energía. No hay miligramos por kilo de peso... uno viene acostumbrado a medirlo todo, a visualizarlo todo, a cuantificarlo todo. ¿Cuántos miligramos de afecto hay en un abrazo?”.
Volviendo a la idea del abrazo perruno, recuerdo que la autora de “Abrázame” describe un tipo específico de abrazo, el “abrazo de tobillo”. En la ilustración hay un osezno abrazado al tobillo de un gran oso. Ella lo describe así : “El abrazo de tobillo dice invariablemente : Soy más pequeño que tú y cuento contigo. Me basta tocarte para sentirme seguro”.
Yo me sentí muy identificada, porque mi perra, que es una cocker de pequeño tamaño, cuando está muy feliz o se siente agradecida conmigo por algo, me abraza así. Fue muy emocionante descubrirlo, y lo quiero compartir con ustedes, porque quizás les suceda lo mismo con sus perros. Tal vez algunos de ustedes tienen perros grandes que parándose en sus patas traseras los abraza con un “abrazo de corazón” que dice: “Sintamos nuestra unión a medida que crece el vínculo de nuestra amistad”.
De una u otra forma, creo que puede ser una maravillosa experiencia el practicar el abrazo con nuestros animales, no sólo por lo terapeútico para ambos, sino porque podemos disfrutar de algo más que aporta al real concepto de que la vida es una sola y que merece ser vivida de la mejor manera, y una de esas maneras es dando y recibiendo amor.
Volviendo al artículo del médico (Dr. Jorge Muñoz), hace alusión a este libro, describiendo algunos tipos de abrazos. ...Y algo que me llamó la atención, fue cuando dice : “No hay nada más lindo que poder darle y recibir un gran abrazo de nuestros perros. También lo podemos hacer con los gatos, aunque tomando algunas precauciones”. Luego agrega : “...Hace muchos años que vengo dando conferencias de divulgación de la homeopatía y lo primero que les llama la atención a los participantes, es que los remedios homeopáticos no tienen materia, sino energía. No hay miligramos por kilo de peso... uno viene acostumbrado a medirlo todo, a visualizarlo todo, a cuantificarlo todo. ¿Cuántos miligramos de afecto hay en un abrazo?”.
Volviendo a la idea del abrazo perruno, recuerdo que la autora de “Abrázame” describe un tipo específico de abrazo, el “abrazo de tobillo”. En la ilustración hay un osezno abrazado al tobillo de un gran oso. Ella lo describe así : “El abrazo de tobillo dice invariablemente : Soy más pequeño que tú y cuento contigo. Me basta tocarte para sentirme seguro”.
Yo me sentí muy identificada, porque mi perra, que es una cocker de pequeño tamaño, cuando está muy feliz o se siente agradecida conmigo por algo, me abraza así. Fue muy emocionante descubrirlo, y lo quiero compartir con ustedes, porque quizás les suceda lo mismo con sus perros. Tal vez algunos de ustedes tienen perros grandes que parándose en sus patas traseras los abraza con un “abrazo de corazón” que dice: “Sintamos nuestra unión a medida que crece el vínculo de nuestra amistad”.
De una u otra forma, creo que puede ser una maravillosa experiencia el practicar el abrazo con nuestros animales, no sólo por lo terapeútico para ambos, sino porque podemos disfrutar de algo más que aporta al real concepto de que la vida es una sola y que merece ser vivida de la mejor manera, y una de esas maneras es dando y recibiendo amor.
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sábado, 5 de enero de 2008
¡¡¡Buenos Deseos para el 2008 !!!
Que en este año podamos hacer por nuestros perros todo lo que quizás no pudimos o no supimos o no nos dimos cuenta de hacer en el 2007, bregando para que ellos sean más felices. Nuestros animales están bajo nuestra responsabilidad y nuestro cuidado. Quiera Dios que podamos ejercer el liderazgo como”jefes de la manada” que somos para que ellos disfruten de la vida junto con nosotros, que para eso están a nuestro lado.
Y rogamos al Altísimo por todos los refugios, hogares de transito, fundaciones que se ocupan de ayudar a los perros abandonados y los recogen, los cuidan y los ubican en hogares donde los amen. Que esas personas y/o instituciones puedan ejercer en plena libertad y total responsabilidad su honorable y esforzada tarea. Para que no haya más perros abandonados en ningún lugar del planeta. Y para que todos podamos entender que los animales no son peligrosos... A veces lo más peligroso es lo que está dentro del corazón humano. Felicidades a todos.
Y rogamos al Altísimo por todos los refugios, hogares de transito, fundaciones que se ocupan de ayudar a los perros abandonados y los recogen, los cuidan y los ubican en hogares donde los amen. Que esas personas y/o instituciones puedan ejercer en plena libertad y total responsabilidad su honorable y esforzada tarea. Para que no haya más perros abandonados en ningún lugar del planeta. Y para que todos podamos entender que los animales no son peligrosos... A veces lo más peligroso es lo que está dentro del corazón humano. Felicidades a todos.
sábado, 29 de diciembre de 2007
De la Manada a la Familia
Fue hace muchos siglos atrás cuando se produjo el primer encuentro entre el hombre y el lobo. Ambos vivían en grupos, ambos eran cazadores, ambos eran sociables por naturaleza, ambos se necesitaban.
Los hombres tenían sus asentamientos y los lobos merodeaban en los alrededores. Un día decidieron ir a cazar juntos. La cosa funcionó perfectamente. Otro día volvieron a ir, y otro día más... Compartían lo que cazaban. Se sentía bien juntos, ambos disfrutaban de la vida social... Después, cada uno se quedaba en su casa.
...Y así pasaron años y años y más años. Cada vez se iban entendiendo más. Cuando iban a cazar cada uno cumplía su rol a la perfección. A veces no hacía falta más que... no digo mirarse... ni eso siquiera. Solamente sintiendo al otro que estaba allí ya sabía cada uno qué debía hacer, cuándo y cómo. Formaban un dúo perfecto.
Y así fue como hombre y lobo constituyeron un excelente equipo de trabajo. El más fuerte dominó sobre el más débil, pero no por prepotencia, sino por medio del compañerismo, la solidaridad y el entendimiento mutuo.
Y al fin algunos lobos comenzaron a vivir en el campamento con los hombres. Tal vez al comienzo, las mujeres adoptaron cachorros y los criaron, y jugaban junto con sus niños. Con el paso del tiempo, y mediante el amansamiento de los lobos que se criaban con los hombres, se produjo la domesticación. Tengamos en cuenta que un animal se puede amansar, pero la domesticación de una especie es un proceso genético que lleva años.
Tras la domesticación vino el compartir otras tareas, no sólo la cacería, sino también la vigilancia del hogar, el pastoreo y otros trabajos más. Algunos dicen que que se lo comenzó a llamar perro durante el trabajo. Los pastores llamaban a los canidos que cuidaban a las ovejas con el sonido prrr , y de ahí se cree que proviene la palabra perro. Creo que la metamorfosis de lobo a perro fue tan lenta y progresiva que no puede precisarse con exactitud.
Perro y lobo y pertenecen a la familia de los cánidos y casi todas las investigaciones coinciden en que uno proviene del otro. Hay ciertas razas de perros que tienen un parecido tal con el lobo que apenas podemos distinguirlos, como el caso del siberiano. Muchos comportamientos perrunos son exactos a los de los lobos. En su carácter y conducta social, no existen prácticamente diferencias.
Y volviendo al histórico encuentro... Lo que comenzó con una relación de conveniencia mutua, se convirtió luego en una sociedad de caza... hasta que por fin, el lobo transformado en perro, empezó a vivir en el campamento junto con el hombre. Dejó la manada de lobos y se integró a la familia humana. Dejó de ser un simple socio para transformarse en un amigo. Y la adaptación mutua fue tan profunda y verdadera que nació de ella una maravillosa historia de amor.
El amor que une al hombre y al perro se ha acentuado tanto con el tiempo, que hoy hablamos concretamente que nuestos perros son integrantes de nuestra familia con deberes y derechos como cada uno de los demás. Y así fueron surgiendo (y seguirán...) nuevos códigos de convivencia y respeto mutuo en pos de una vida mejor.
Miremos a los ojos a nuestro perro... Detengámonos un instante a reflexionar sobre su genética, sus antepasados, su historia celular, su venida al mundo y por fin a nuestro hogar. Comprendámoslo... El es diferente a nosotros, no es homo sapiens, es canis familiaris. El amor nace, crece y se profundiza cuando sabemos comprender y aceptar las diferencias. Amémoslo por lo que él es, así como él nos ama a nosotros, por lo que somos.
Y no olvidemos que Dios nos puso en este planeta con un mandato, la de tener autoridad sobre todo lo creado. Pero esa autoridad no debe ser autoritarismo, sino amor. El autoritarismo proviene del odio, el verdadero liderazgo es el que se genera desde el amor. Y el amor no daña a nadie, sino que bendice.
Cuidemos y amemos a nuestros perros como seres más débiles, no olvidemos que ellos dependen totalmente de nosotros. Somos los únicos que podemos proveerles para su subsistencia, y no me refiero sólo al alimento, al agua, al lugar abrigado para dormir, las vacunas y a la oportuna consulta veterinaria, sino a nuestra atención constante y amorosa. Recordemos que nosotros tenemos relaciones sociales, familiares, actividades fuera de casa, trabajo, proyectos... pero él... sólo nos tiene a nosotros.
lunes, 24 de diciembre de 2007
Un Cuento del Primer Siglo (2ª Parte)
Y tomando la delantera, comenzó a agitar a todos los perros para que despertasen a los pastores. -¡¡Despierten, despierten que algo maravilloso está sucediendo!! ¡¡No entendemos qué es!! ¡¡Hombres, despierten!! -Y, de a poco, modorreando, se fueron despertando los pastores. Nadie salía de su asombro. El amo de Coraje había quedado tan absorto como los demás. –...Son ángeles...–musitó. –Angeles..., qué palabra tan linda, nunca la había oído.-pensó Coraje.
Y desde el cielo, a una voz, los ángeles entonaban alabanzas al Señor y anunciaban: “¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!” -Los pastores estaban maravillados, los perros extasiados, jadeaban sin entender las palabras, pero recibían el espíritu de las mismas, al igual que las ovejas que seguían jugando y retozando en el pastizal.
De pronto, un ángel más grande que los demás, descendió del cielo y se paró frente a los pastores. El amo de Coraje cayó de rodillas frente a él. Mientras, todos los perros continuaban jadeando extasiados. El ángel les habló : -No tengan temor. Les traigo una Buena Noticia. Hoy ha nacido en Belén de Judea, el Mesías prometido, el Salvador que Dios envía a los hombres. Vayan a verlo. Como señal, encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un establo.
-Al instante, el ángel mayor y todos los demás, los cuáles habían descendido junto con él, volvieron al cielo. Y poco a poco se fueron alejando mientras cantaban alabanzas a Dios. Por un momento todo en aquel lugar quedó quieto, como en suspenso. Nadie hablaba, ni ladraba, ni balaba... Silencio. De pronto, uno de los pastores tomó la delantera y todos los siguieron, con ovejas y perros. –¡Vamos a Belén! –exclamó. Y todos partieron raudamente.
Cuando iban de camino, Coraje reflexionaba: -¿Por qué será que los hombres necesitan un Salvador, de qué los tendrá que salvar? Según parece los animales no lo necesitamos... –Y mientras cavilaba y cavilaba ya habían llegado al santo lugar. Y allí estaban María, José y el niño acostado en un pesebre. Coraje sintió que el corazón le saltaba de alegría al ver al Salvador. Y su alegría se completó cuando observó que en aquél lugar había también un asno y un buey. –Debe ser que el niño ama a los animales.-pensó. Y, ni lerdo ni perezoso, se apuró a recostar su peludo cuerpo a los pies del pequeño.
Los pastores se arrodillaron para adorarlo. Mientras tanto, Coraje, que se sentía tan a gusto a los pies del Mesías, comenzó a olerlo, como suelen hacer los perros.
-¡Qué rico aroma exhala...! Parece el perfume de un jardín lleno de flores. Tengo ganas de besarle los pies.-pensó. Y mientras lo lengüeteaba suavemente, el niño se movía contento. Al ver que le gustaba, Coraje se sintió más feliz de lo que ya estaba. Y en ese instante entendió algo muy profundo. El, como perro, no podía razonar las cosas de los hombres, porque su mente no estaba preparada para ello, pero “captó” la Verdad de Dios: -Los hombres necesitan un Salvador porque ellos pecaron, en cambio los animales nunca hemos desobedecido a Dios.
Feliz con sus pensamientos, se acurrucó bien pegadito al pequeño, y se durmió... Pero esta vez no dejó ningún ojo atento por lo que pudiera suceder. Coraje “sabía” que al lado del niño nada malo le ocurriría. Y se olvidó de su amo, de los perros y las ovejas. Lo único que quería era estar con el Mesías. Y soñó..., soñó con un lugar maravilloso que Dios tenía preparado para los hombres si ellos se arrepentían de sus pecados. Y ese lugar estaba lleno de animales. Todos los que antes habían partido estaban allí, no faltaba ninguno. Y una voz le dijo: -Cuando mueren, los animales van todos al cielo.
Al despertar, oyó que su amo lo estaba llamando. Era hora de irse, había que seguir trabajando. Pero Coraje ya no era el mismo. Después del encuentro con el Mesías y de ese sueño que parecía tan real... él había comprendido muchas cosas, cosas que su mente de perro podía captar. Le lamió la carita al niño y se fue saltando de alegría.
La historia de Coraje es, quizás, la historia de otros perros. Quién sabe si tal vez estos maravillosos seres animales que comparten la vida con nosotros no han tenido o tienen experiencias similares. De lo que estoy segura es que el cielo está lleno de ellos y que viven pegados, muy pegaditos al Salvador de los hombres. Ellos lo reconocen y lo aman...
Por eso, para estas fiestas, cuando armemos el arbolito de Navidad y a su lado pongamos el pesebre, con pastores, reyes, ovejas, el asno y el buey, no nos olvidemos... de poner un perro. ...Eso sí, tengamos en cuenta de ponerlo a “sus pies”... para que se los pueda besar.
Y desde el cielo, a una voz, los ángeles entonaban alabanzas al Señor y anunciaban: “¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!” -Los pastores estaban maravillados, los perros extasiados, jadeaban sin entender las palabras, pero recibían el espíritu de las mismas, al igual que las ovejas que seguían jugando y retozando en el pastizal.
De pronto, un ángel más grande que los demás, descendió del cielo y se paró frente a los pastores. El amo de Coraje cayó de rodillas frente a él. Mientras, todos los perros continuaban jadeando extasiados. El ángel les habló : -No tengan temor. Les traigo una Buena Noticia. Hoy ha nacido en Belén de Judea, el Mesías prometido, el Salvador que Dios envía a los hombres. Vayan a verlo. Como señal, encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un establo.
-Al instante, el ángel mayor y todos los demás, los cuáles habían descendido junto con él, volvieron al cielo. Y poco a poco se fueron alejando mientras cantaban alabanzas a Dios. Por un momento todo en aquel lugar quedó quieto, como en suspenso. Nadie hablaba, ni ladraba, ni balaba... Silencio. De pronto, uno de los pastores tomó la delantera y todos los siguieron, con ovejas y perros. –¡Vamos a Belén! –exclamó. Y todos partieron raudamente.
Cuando iban de camino, Coraje reflexionaba: -¿Por qué será que los hombres necesitan un Salvador, de qué los tendrá que salvar? Según parece los animales no lo necesitamos... –Y mientras cavilaba y cavilaba ya habían llegado al santo lugar. Y allí estaban María, José y el niño acostado en un pesebre. Coraje sintió que el corazón le saltaba de alegría al ver al Salvador. Y su alegría se completó cuando observó que en aquél lugar había también un asno y un buey. –Debe ser que el niño ama a los animales.-pensó. Y, ni lerdo ni perezoso, se apuró a recostar su peludo cuerpo a los pies del pequeño.
Los pastores se arrodillaron para adorarlo. Mientras tanto, Coraje, que se sentía tan a gusto a los pies del Mesías, comenzó a olerlo, como suelen hacer los perros.
-¡Qué rico aroma exhala...! Parece el perfume de un jardín lleno de flores. Tengo ganas de besarle los pies.-pensó. Y mientras lo lengüeteaba suavemente, el niño se movía contento. Al ver que le gustaba, Coraje se sintió más feliz de lo que ya estaba. Y en ese instante entendió algo muy profundo. El, como perro, no podía razonar las cosas de los hombres, porque su mente no estaba preparada para ello, pero “captó” la Verdad de Dios: -Los hombres necesitan un Salvador porque ellos pecaron, en cambio los animales nunca hemos desobedecido a Dios.
Feliz con sus pensamientos, se acurrucó bien pegadito al pequeño, y se durmió... Pero esta vez no dejó ningún ojo atento por lo que pudiera suceder. Coraje “sabía” que al lado del niño nada malo le ocurriría. Y se olvidó de su amo, de los perros y las ovejas. Lo único que quería era estar con el Mesías. Y soñó..., soñó con un lugar maravilloso que Dios tenía preparado para los hombres si ellos se arrepentían de sus pecados. Y ese lugar estaba lleno de animales. Todos los que antes habían partido estaban allí, no faltaba ninguno. Y una voz le dijo: -Cuando mueren, los animales van todos al cielo.
Al despertar, oyó que su amo lo estaba llamando. Era hora de irse, había que seguir trabajando. Pero Coraje ya no era el mismo. Después del encuentro con el Mesías y de ese sueño que parecía tan real... él había comprendido muchas cosas, cosas que su mente de perro podía captar. Le lamió la carita al niño y se fue saltando de alegría.
La historia de Coraje es, quizás, la historia de otros perros. Quién sabe si tal vez estos maravillosos seres animales que comparten la vida con nosotros no han tenido o tienen experiencias similares. De lo que estoy segura es que el cielo está lleno de ellos y que viven pegados, muy pegaditos al Salvador de los hombres. Ellos lo reconocen y lo aman...
Por eso, para estas fiestas, cuando armemos el arbolito de Navidad y a su lado pongamos el pesebre, con pastores, reyes, ovejas, el asno y el buey, no nos olvidemos... de poner un perro. ...Eso sí, tengamos en cuenta de ponerlo a “sus pies”... para que se los pueda besar.
domingo, 23 de diciembre de 2007
Un Cuento del Primer Siglo (1ª Parte)
Había sido un día de intenso trabajo, y llegada la noche, se hacía necesario descansar un poco. Después de todo, eso de andar corriendo por el campo mordisqueando patas y trayendo al grupo a algunas rezagadas que se distraían por ahí mirando quién sabe qué cosa, era una tarea bastante ardua.
¡Qué ganas tenía de acurrucarse tranquilo, calentito, al lado de su amo para dormitar un rato...! Sí, bien dicho, dormitar, porque... -¡¿será posible...?! ya hay una que se está escapando por allá lejos. Si serán porfiadas... No quieren entender que tienen que estar todas juntas. Es peligroso que anden sueltas, sobre todo de noche. Puede venir un lobo con hambre o algún ladrón haciendo de las suyas. Ellas no lo entienden. ¡Ayayay...!, si no estuviera yo aquí... no sé cómo funcionaría esto...
Y muy diligente, Coraje, que así se llamaba el perro, fue corriendo raudamente a traer a la ovejita distraída que se había separado del redil. Corrió y corrió.. y la trajo medio a los empujones hacia donde estaba el resto. Y allí la dejó pastando con las demás... –Bueno, ahora sí, a dormir, que bien merecido lo tengo. Ya comí bien... Así que voy a disfrutar de un buen descanso al lado de mi amo. –Ni bien pegó los ojos, o mejor dicho uno sólo, porque los perros suelen dormir con un ojo cerrado y el otro atento a lo que pueda suceder, se despertó sobresaltado.
-¡¿Qué es esto...?, de pronto se puso de día...! ¡¡Cuánta luz!! ¡¡Qué es esto!!-se preguntó. Y el cielo resplandecía y resplandecía cada vez más, hasta llegar a ponerse todo blanco -¡¡Qué es está luz tan fuerte que me hace cerrar los ojos!!...
–Y, ante su asombro, vió el cielo vestirse de fiesta. Unos hermosos seres blancos, muy grandes y alados se desplazaban suavemente por él y cantaban hermosas melodías... –No se las oí nunca antes a nadie.-pensó.
-Y se quedó embelesado mirando el maravilloso espectáculo. Ya no le molestaba la luz, ahora miraba y miraba deslumbrado mientras jadeaba en un maravilloso éxtasis perruno al que los seres humanos no podemos acceder. Y su abstracción fue tal, que se olvidó del amo, de las ovejas, de los demás pastores que habían acampado junto a ellos... y también de los otros perros compañeros de tareas.
Pasaron unos segundos, o tal vez horas... y, al volver de su ensimismamiento, observó que los hombres dormían, pero que todos los perros estaban mirando el cielo, como él. Y las ovejas... pareciera que de golpe se hubieran vuelto todas, hasta las más adultas, como pequeños corderitos, y retozaban como si recibieran “mimos” de los seres alados.
-Ah... –reflexionó. Entonces ellas también se dieron cuenta de lo que yo estoy viendo... Sólo los animales lo percibimos... Pero...¿y qué les pasa a los hombres que están todos dormidos?- se preguntó extrañado.
¡Qué ganas tenía de acurrucarse tranquilo, calentito, al lado de su amo para dormitar un rato...! Sí, bien dicho, dormitar, porque... -¡¿será posible...?! ya hay una que se está escapando por allá lejos. Si serán porfiadas... No quieren entender que tienen que estar todas juntas. Es peligroso que anden sueltas, sobre todo de noche. Puede venir un lobo con hambre o algún ladrón haciendo de las suyas. Ellas no lo entienden. ¡Ayayay...!, si no estuviera yo aquí... no sé cómo funcionaría esto...
Y muy diligente, Coraje, que así se llamaba el perro, fue corriendo raudamente a traer a la ovejita distraída que se había separado del redil. Corrió y corrió.. y la trajo medio a los empujones hacia donde estaba el resto. Y allí la dejó pastando con las demás... –Bueno, ahora sí, a dormir, que bien merecido lo tengo. Ya comí bien... Así que voy a disfrutar de un buen descanso al lado de mi amo. –Ni bien pegó los ojos, o mejor dicho uno sólo, porque los perros suelen dormir con un ojo cerrado y el otro atento a lo que pueda suceder, se despertó sobresaltado.
-¡¿Qué es esto...?, de pronto se puso de día...! ¡¡Cuánta luz!! ¡¡Qué es esto!!-se preguntó. Y el cielo resplandecía y resplandecía cada vez más, hasta llegar a ponerse todo blanco -¡¡Qué es está luz tan fuerte que me hace cerrar los ojos!!...
–Y, ante su asombro, vió el cielo vestirse de fiesta. Unos hermosos seres blancos, muy grandes y alados se desplazaban suavemente por él y cantaban hermosas melodías... –No se las oí nunca antes a nadie.-pensó.
-Y se quedó embelesado mirando el maravilloso espectáculo. Ya no le molestaba la luz, ahora miraba y miraba deslumbrado mientras jadeaba en un maravilloso éxtasis perruno al que los seres humanos no podemos acceder. Y su abstracción fue tal, que se olvidó del amo, de las ovejas, de los demás pastores que habían acampado junto a ellos... y también de los otros perros compañeros de tareas.
Pasaron unos segundos, o tal vez horas... y, al volver de su ensimismamiento, observó que los hombres dormían, pero que todos los perros estaban mirando el cielo, como él. Y las ovejas... pareciera que de golpe se hubieran vuelto todas, hasta las más adultas, como pequeños corderitos, y retozaban como si recibieran “mimos” de los seres alados.
-Ah... –reflexionó. Entonces ellas también se dieron cuenta de lo que yo estoy viendo... Sólo los animales lo percibimos... Pero...¿y qué les pasa a los hombres que están todos dormidos?- se preguntó extrañado.
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