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lunes, 15 de diciembre de 2008

¿De quién son los animales?

Los animales ya existían cuando el primer hombre y la primera mujer vieron la luz en este planeta. Las aves ya volaban, había animales salvajes en la selva, peces en el mar y cada animal de campo ya estaba pastando. En realidad, el hombre fue puesto en un maravilloso lugar de increíble belleza, donde todo era armonía y paz.

Y al hombre le fue permitido dar un nombre a cada animal. Y él sabía qué lugar le correspondía a cada animal y qué lugar le pertenecía a él respecto de ellos. Ese primer hombre comía de lo que daba la tierra y los frutos de los árboles. Y todos los animales sólo comían hierba. El hombre sabía que los animales y todo lo que lo rodeaba, tenían un sólo dueño, Aquél que los había creado.

El tiempo pasaba y el hombre vió que algunos animales alegraban su vida a través de sus cantos, como los pájaros, o de su belleza especial, como las mariposas. Otros animales fueron de grata compañía, como el perro o el caballo. El hombre y su mujer disfrutaban de la hermosa fauna puesta en la tierra y la respetaban. Ellos sabían que todos eran seres creados, como ellos mismos.

El hombre y la mujer habían sido dotados de una sensibilidad especial, hechos a imagen y semejanza de su Creador, para comprender la naturaleza y los animales. Ellos tenían sabiduría y eran inocentes como lo eran los animales. Vivían felices porque estaban en armonía con el Creador y con la creación.

El día que los seres humanos cayeron en el engaño de la soberbia, ese mismo día perdieron todo. La felicidad se transformó en tristeza. La sabiduría se hizo ignorancia y la paz turbación. Perdieron la amistad con su Creador y comenzaron a tenerle miedo. Dejaron de disfrutar de la naturaleza y olvidaron la comprensión y el respeto hacia los animales. Tuvieron que empezar de nuevo, y con mucho dolor.

Con el correr de los tiempos el dolor se hizo mayor. El hombre fue creando paliativos para suplir lo que perdió, pero de poco le han servido. Ha querido aturdirse de mil formas diferentes y, al presente, ya no sabe qué más inventar. ¿De quién son los animales? No tiene la respuesta a esta pregunta porque la extravió por el camino. Tampoco sabe de dónde procede él mismo ni a quién pertenece.

El ser humano ha llegado a un punto tal de absurda omnipotencia por haber elegido tan mal. Preferir la oscuridad a la luz lo llevó a la total insensatez. Los animales y toda la naturaleza gimen y gritan por causa de la maldad que ha proliferado sobre el planeta. Y esto fue producido por el ser que fue el más perfecto de todos los creados. Y hoy es el gran depredador.

Pero aún queda una esperanza. Depende de que el hombre vuelva a aquel principio. En algunos lugares, en ciertos grupos se practica este “retornar”. Hay personas muy bien intencionadas que buscan esta vuelta. Han comprendido que los animales están para que los amemos y los cuidemos. Hay quienes también entienden que los árboles y los ríos no son sólo buenos porque nos convienen como sustento, sino que lo son en sí mismos.

El secreto del retorno está en la Navidad. Observemos un momento el pesebre y detengámonos unos segundos en el niño. Es probable que veamos subir por detrás de él, una sombra estirada con la forma de una cruz... Nació con un propósito: devolverle a cada ser humano aquello del principio. Cuando alcemos nuestras copas en esta Nochebuena pensemos en el nacimiento, pero también en la cruz. Allí está el secreto de nuestra salvación.

La reconciliación del hombre con su Creador viene solamente a través del que nació, murió pero también resucitó y vive para siempre. A partir de ahí el hombre comenzará otra vez, como en aquél principio. Y podrá entender que los animales son de Dios y que están en esta tierra para que los amemos y los cuidemos todo lo más que cada uno pueda.


miércoles, 26 de noviembre de 2008

Todo animal tiene derecho a la vida

“Todo animal que el hombre haya escogido como compañero, tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural”. Esto dice, en el artículo 6ª), la Declaración de los Derechos del Animal, adoptada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal en 1977 y aprobada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros a favor de nuestro perro o nuestro gato, o aquél que tiene un caballo como compañero, para que su vida sea conforme a la longevidad natural? Aquí hay que diferenciar dos factores muy claros: Una cosa es la longevidad en sí misma y otra muy distinta son esos años que le corresponden pero “llenos de vida”.

Los animales, al igual que las personas, pasan por distintas circunstancias en las cuales a veces se enferman o sufren algún accidente. Ambos hechos son evitables en un alto porcentaje llevando una vida prudente y sabia, tanto en la alimentación como en lo que se refiere a no buscar innecesariamente peligros que pueden transformarse en accidentes.

Se puede tener una vida larga pero sufriendo enfermedades y accidentes o una vida larga con salud y preservando la propia integridad corporal y psíquica. Y esto es para animales y para personas por igual. Si no procuro tener una alimentación sana y natural tengo más probabilidades de enfermarme. Si cruzo la calle sin antes mirar a ambos lados, es probable que un auto me lleve por delante.

A veces vemos perros gordos, ésto es sinónimo de mala salud. Se produce cuando el animal no está siendo alimentado sabiamente. Va arrastrando su cuerpo y sufriendo por ello. La obesidad es mala tanto para personas como para animales. También se ven perros extraviados y es, a veces, porque los sueltan en la calle o los dejan que “se paseen solos”. Esos perros tienen más riesgo de sufrir algún accidente.

Como podemos ver, una existencia larga y fructífera, tanto para personas como para animales, va mucho más allá de que sea por muchos años, debe estar llena de vigor y energía, de bienestar y vitalidad. Agregar años a la vida nunca puede compararse con el profundo sentido de vivir, que es “agregar vida a los años”.

lunes, 6 de octubre de 2008

La salud de nuestros animales



Cada uno de nosotros, ama a su perro o a su gato y desea brindarle lo mejor, como la atención veterinaria, el cariño, los paseos y también la alimentación. Muchas veces no hacemos las cosas del todo bien, simplemente por falta de información. Yo fuí aprendiendo poco a poco con mi perra y fui modificando conductas a medida que me interioricé de algunas cosas. Algo fundamentalísimo, a la hora de brindarles lo mejor, es seleccionar cuidadosamente lo que comen, porque gran parte de su vida depende de un buen alimento.

La salud de nuestros perros y gatos corre un gran riesgo cuando los animales reciben una dieta basada en los alimentos comerciales. Desperdicios del matadero, carne de de animales muertos, moribundos, lisiados o enfermos, grasa vieja de los restaurantes que contienen alta concentración de radicales libres, grasas ácidas del transporte, cuerpos derretidos de perros y gatos adquiridos en refugios de animales, carne vieja y en mal estado de los supermercados, pescado podrido con un alto nivel de toxicidad... y todo ello con una adición de una sopa de entrañas, parcialmente disueltas, de pollo. Estas combinaciones significan un lamentablemente delicioso manjar para gatos y perros.

A todo esto agreguémosle la presencia de bacterias patógenas, virus, hongos, los residuos de las hormonas y de los antibióticos más los peligrosos conservantes comunes en estos alimentos. Como producto de esta terrorífica alimentación, sobrevienen enfermedades de riñón, hígado, sistema neurológico, corazón, graves problemas en los ojos y en la piel, como así también en los músculos, en los huesos, en la sangre, defectos en el nacimiento y enfermedades infecciosas.

Sabiendo estas cosas, no es para pensarlo dos veces. Una buena alimentación casera, basada en un minucioso conocimiento sobre nutrientes de los alimentos, ayuda enormemente a brindar y mantener una excelente salud en nuestros animales. No obstante, tengamos en cuenta de no darles exactamente lo que comemos nosotros, porque los condimentos, las salsas, las frituras, la cebolla, la remolacha, el azúcar y el chocolate, son venenos para un perro.

Desde que come comida casera, “Pequita” está radiante de salud y vitalidad. Le suelo preparar polenta y la mezclo con ajo crudo, aceite de girasol (primera prensada en frío) y levadura de cerveza. A esto le agrego zanahoria, que se la doy rallada y que es su gran pasión. Y coronando el manjar, un poco de yogur casero más la cáscara molida de un huevo. En la próxima les dejaré más ideas de comidas para perros que son las que yo sigo con ella.

lunes, 30 de junio de 2008

Vida de perro

“Todo animal perteneciente a una especie que viva tradicionalmente en el entorno del hombre, tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad que sean propias de su especie”. Así expresa el artículo 5a) de la Declaración de los Derechos de los Animales.

¿Cuántas veces cumplimos literalmente esta ley? ¿Hemos prestado verdadera y profunda atención a cómo se desarrolla un día en la vida de nuestros perros, por ejemplo? ¿Les estamos dando realmente todo lo que ellos necesitan? ¿Viven integralmente felices? Muchas preguntas como éstas surgen de nuestro interior cuando leemos el artículo precedente de la declaración a favor de los animales.

Nuestra vida cotidiana suele transcurrir en medio de una serie de obligaciones, compromisos, horarios y también entretenimientos, reuniones y paseos. Mientras nosotros vamos y venimos de aquí para allá en medio de la vorágine de actividades que nos impone la vida y a veces también que nos hemos impuesto nosotros mismos, dos ojos brillantes y atentos siguen cada movimiento y cada detalle de lo que hacemos. Es nuestro perro, que no tiene nada en la vida más importante que hacer que seguirnos con la mirada, movernos la cola, invitarnos a jugar, pedirnos comida... y, en fin, depender absoluta y totalmente de nosotros. Somos prácticamente la razón, el impulso, el estímulo de su existencia, el objeto de su perruno amor.

¿Qué lugar ocupa él en medio de nuestras idas y venidas? ¿En qué espacio de nuestro pensamiento y de nuestro corazón lo hemos situado? ¿Cómo manifestamos en “hechos concretos” nuestro amor hacia él o hacia ella? “...vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad que sean propias de su especie”, significa también “amor en acción”, tiempo dedicado a expresar sentimientos, a interrelacionarse, a construir y disfrutar la mutua compañía. Sus condiciones de vida tienen que ver básicamente con el amor bajo todos sus aspectos.

Uno de esos aspectos, y fundamental para nuestro amigo, es la buena alimentación. ¿Qué le damos de comer? ¿El alimento que tenemos al alcance de la mano, porque es más cómodo para nosotros sin cerciorarnos “realmente” de cómo está elaborado? Es bueno que nos informemos bien sobre los alimentos para animales domésticos antes de seguir dándoselos. Es “un verdadero horror” lo que esos alimentos contienen. En una próxima publicación hablaremos de este tema tan álgido. Si dedicamos tiempo para cocinar nuestra comida nada nos cuesta dedicar un tiempito más para preparar “su comida”.

Para que viva en ritmo y libertad es fundamental respetar sus horarios y necesidades de salidas, de socialización, de tener siempre a su disposición agua limpia y fresca, de vigilar su salud mediante el alimento, la visita periódica al veterinario, el cepillado y las vacunas que requiere. También, y muy importante, es darle una vida familiar tranquila y armónica, eso repercute muchísimo en su salud. Una familia amorosa que vive en la armonía de la relación de todos y cada uno de sus miembros, da por resultado un perro sano, tranquilo y feliz. Muchas veces ellos se enferman porque el entorno está tenso, nervioso, hostil. Nuestro perro es una esponja que absorbe todo lo que sucede en el hogar. Cuando el perro tiene “problemas de conducta”, por lo general los que tienen que modificar la conducta son los demás integrantes de la familia. Casi siempre el perro es la víctima y no el victimario.

Y por último, quiero hacer hincapié en “la libertad” o sea autonomía, independencia. Él tiene derecho a disfrutar de la libertad de hacer sus travesuras caninas (por supuesto si esto no afecta su vida, su tranquilidad y la del resto de los miembros de la familia. Nuestro perro es un miembro más, que como el resto tiene deberes y derechos en el seno del hogar), libertad de correr, libertad de olfatear, libertad de ladrar, libertad de elegir los alimentos que más le gustan dentro del menú que nosotros hemos ya escogido como mejor para él, libertad de jugar cuando lo desea y de no jugar cuando no quiere hacerlo, libertad de dormir sin ser molestado, de permanecer en su cucha el tiempo que lo desee sin que nadie lo perturbe, libertad de morder y romper sus juguetes, libertad de estar a solas cuando no tiene deseos de socializar... y todas las libertades que se nos puedan ocurrir dentro de las propias de su especie.

Con éstas y otras reglas sencillas que cada uno de nosotros irá descubriendo en esta maravillosa convivencia humano-animal, lograremos, al menos en lo que a nuestro hogar respecta, no sólo cumplir con una ley sino dar a nuestro amado compañero lo que él se merece.




domingo, 4 de mayo de 2008


¿Perro o mascota?

Para comprender el significado de las palabras que usamos cotidianamente, a veces es necesario recurrir un poquito a la historia que hay detrás de ellos. Por ejemplo, para comprender el vocablo perro, debemos remontarnos a muchos siglos atrás.

Al principio, los perros eran lobos que vivían en manadas. Luego, muchos de ellos, dejando sus grupos, se fueron acercando al hombre. El primer encuentro entre ambos estuvo marcado por la conveniencia: El lobo se aproximó a los campamentos para comer las sobras, y el hombre aceptó al lobo para que lo ayudara en sus tareas. Más adelante, comenzaron a ir juntos a cazar y compartieron momentos muy significativos que los llevó a una mayor profundidad en su relación, pasando luego a convirtirse en un gran compañerismo que se fue impregnando de amor.

Con el correr de los tiempos el lobo se fue transformando en un animal doméstico. Obviamente, fue un larguísimo proceso. La evolución de la especie llevó siglos para dar como resultado al perro como lo conocemos hoy en día.

Algunos dicen que al lobo se lo comenzó a llamar perro como resultado del sonido prrr con que los pastores llamaban a los canes que los ayudaban en el trabajo. Otros la consideran una palabra de origen incierto. Y el vocablo can, proviene del latín canis, de uso poco frecuente en el idioma español.

Hace ya varios años, no sé precisar cuántos, se ha comenzado a usar otra palabra para referirse al perro. Tuvo un tímido comienzo y luego fue instalándose poco poco en la sociedad como una forma de mencionar al perro, pero también al gato y a cualquier otro animal doméstico que podamos imaginar. Esta palabra es mascota.

¿Pero qué significa, en realidad, mascota? Por lo general, se la usa como traducción de la palabra inglesa pet. Veamos el significado de cada una de ellas. Recurriendo al diccionario (que dicho sea de paso, “no muerde” y es bueno que lo usemos frecuentemente), vemos que el significado de pet es favorito, amorcito, mimado. Si buscamos el vocablo mascota, nos encontramos con algo totalmente diferente: mascota proviene del francés mascotte que significa amuleto y éste viene del occitano mascota que quiere decir embrujo, hechizo. Al mismo tiempo, esta palabra deriva de otra de origen germánico o celta, que es masca y significa bruja.

Como podemos observar, existe una enorme distancia entre pet y mascota. Yo, personalmente, me inclino sin dudas por la primera. No puedo imaginar a esas dulces criaturas que son nuestros compañeros como producto del hechizo de una bruja. En cambio el primer vocablo representa realmente lo que por lo general sentimos por ellos, que son nuestros mimados, nuestros amorcitos.

De todos modos, para nosotros, los de habla hispana, no está mal que hablemos en nuestro idioma y llamemos a las cosas, y a los animales, por su nombre. El perro es y será perro. Después vienen, por supuesto la cantidad innumerable de apodos tiernos que ellos nos inspiran.

No es fácil desarraigar costumbres cuando éstas se encuentras enquistadas socialmente y son de uso tan frecuente. Pero no estaría nada mal que tratemos de corregirnos a nosotros mismos en nuestro hablar cotidiano y que se lo enseñáramos a los niños. Tratemos de no nombrar a nuestros animales con esa palabra que no representa en absoluto lo que ellos realmente son para nosotros.

Cuando yo miro a mi perra, o a cualquier otro perro, de un vecino, de un amigo, por la calle, cuando los veo moverse, jugar, comer, dormir, cuando toman agua, cuando se interrelacionan... en fin, cuando hacen su vida de perros, me inunda una gran ternura y, realmente no puedo dejar de pensar que, en contraposición al hechizo, son el producto de un milagro; y en vez de una bruja, detrás de cada uno de ellos veo la presencia etérea y suave de un ángel guardián que los cuida y que les confiere ese don maravilloso del amor que sólo ellos saben expresar, a su manera perruna, por supuesto.

miércoles, 9 de abril de 2008

El comportamiento de nuestros perros

Se habla mucho de la conducta, del comportamiento de los perros, de adiestramiento, de escuela para perros, de cómo educar a nuestro perro... Y eso está muy bien, necesitamos conocer como es la conducta del chihuahua, diferente quizás al comportamiento del caniche o qué se requiere para el adiestramiento del ovejero alemán o cómo educar al cocker. Cada perro es diferente y requiere sus cuidados personalizados.

Y en este último punto quiero hacer hincapié. Como no existen dos personas iguales, tampoco existen dos animales iguales. Y pensemos, si nuestro perrito es mestizo no podremos definir tanto ni generalizar cómo es y cómo se comporta según estrictos parámetros, depende de cuál sea su genética. Por supuesto que hay conductas que se repiten, ¡qué duda cabe! ¿Acaso los seres humanos no tenemos también comportamientos repetidos y similitudes unos con otros, por el simple hecho de pertenecer a la raza humana? Claro, nosotros también podemos tener diferentes conductas, según nuestra raza sea negra, amarilla o blanca. Pero entre los seres humanos también los hay mestizos.

Todo ser viviente viene a este mundo con una riqueza que le es propia, que es su temperamento, su personalidad. Miremos un instante a nuestro amado amigo y tratemos de descifrar, de entender, de “meternos en su piel”. Nuestra característica humana del razonamiento nos capacita para comprender al otro que es diferente a nosotros, sólo tenemos que practicarlo.

No humanicemos a nuestro perro. Primero que nada debemos entender que él no es una persona sino un animal, ni mejor ni peor que nosotros, simplemente diferente. Tratemos de ver por qué se comporta de una manera u otra, que le está pasando. Si “se porta mal”, antes de castigarlo, averiguemos el por qué de su actitud. Las conductas “no deseables” obedecen siempre a una causa.

Muchas veces, los malos comportamientos son producto del hogar, de lo que se vive en la casa. Los perros se mimetizan mucho con sus dueños. Si nosotros estamos atravesando un mal momento personal o familiar, ellos se verán afectados. Si los miembros de la familia acostumbran a gritarse o tener malos tratos, tendremos perros agresivos o nerviosos o temerosos, según sean las características naturales de su personalidad.


Para corregir conductas no hay nada mejor que recurrir al veterinario, y si es un homeópata, muchísimo mejor. La homeopatía veterinaria es un avance maravilloso de la ciencia que hace un bien tremendo a nuestros animales y con muy poco hace mucho a favor de ellos.

Y finalmente, y por sobre todas las cosas, tengamos mucha paciencia, perseverancia y respeto por ese ser viviente que es miembro de nuestra familia. Recordemos que “el amor es paciente, es benigno, no busca lo suyo, no hace nada indebido... El amor todo lo puede”. Si tenemos el amor como guía nos vamos a equivocar mucho menos, y veremos perros más felices. ¿Acaso no es hermoso verlos sonreír?

jueves, 17 de enero de 2008

Abrazo Perruno

El otro día estaba leyendo, en una revista local, llamada “Convivir” una nota muy interesante escrita por un médico veterinario homeópata, que hablaba de la manifestación física del amor. El amor genuino, sin egoísmos ni mezquindades, aquél que podemos llegar a manifestar a nuestros padres, hijos, amigos, hermanos, a nuestra pareja. Decía que el abrazo es terapéutico. Eso me recordó un libro que leí años atrás sobre la terapia del abrazo, se llama “Abrázame” de Kathleen Keating y justamente habla de lo bueno que es para el otro, y para uno mismo, abrazar, sobre todo cuando hay cosas que no podemos decir con palabras, porque las excede. Y, en el libro ilustra, a través de osos, los distintos tipos de abrazos para las distintas situaciones y con diferentes personas.

Volviendo al artículo del médico (Dr. Jorge Muñoz), hace alusión a este libro, describiendo algunos tipos de abrazos. ...Y algo que me llamó la atención, fue cuando dice : “No hay nada más lindo que poder darle y recibir un gran abrazo de nuestros perros. También lo podemos hacer con los gatos, aunque tomando algunas precauciones”. Luego agrega : “...Hace muchos años que vengo dando conferencias de divulgación de la homeopatía y lo primero que les llama la atención a los participantes, es que los remedios homeopáticos no tienen materia, sino energía. No hay miligramos por kilo de peso... uno viene acostumbrado a medirlo todo, a visualizarlo todo, a cuantificarlo todo. ¿Cuántos miligramos de afecto hay en un abrazo?”.

Volviendo a la idea del abrazo perruno, recuerdo que la autora de “Abrázame” describe un tipo específico de abrazo, el “abrazo de tobillo”. En la ilustración hay un osezno abrazado al tobillo de un gran oso. Ella lo describe así : “El abrazo de tobillo dice invariablemente : Soy más pequeño que tú y cuento contigo. Me basta tocarte para sentirme seguro”.

Yo me sentí muy identificada, porque mi perra, que es una cocker de pequeño tamaño, cuando está muy feliz o se siente agradecida conmigo por algo, me abraza así. Fue muy emocionante descubrirlo, y lo quiero compartir con ustedes, porque quizás les suceda lo mismo con sus perros. Tal vez algunos de ustedes tienen perros grandes que parándose en sus patas traseras los abraza con un “abrazo de corazón” que dice: “Sintamos nuestra unión a medida que crece el vínculo de nuestra amistad”.

De una u otra forma, creo que puede ser una maravillosa experiencia el practicar el abrazo con nuestros animales, no sólo por lo terapeútico para ambos, sino porque podemos disfrutar de algo más que aporta al real concepto de que la vida es una sola y que merece ser vivida de la mejor manera, y una de esas maneras es dando y recibiendo amor.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Un Cuento del Primer Siglo (1ª Parte)

Había sido un día de intenso trabajo, y llegada la noche, se hacía necesario descansar un poco. Después de todo, eso de andar corriendo por el campo mordisqueando patas y trayendo al grupo a algunas rezagadas que se distraían por ahí mirando quién sabe qué cosa, era una tarea bastante ardua.

¡Qué ganas tenía de acurrucarse tranquilo, calentito, al lado de su amo para dormitar un rato...! Sí, bien dicho, dormitar, porque... -¡¿será posible...?! ya hay una que se está escapando por allá lejos. Si serán porfiadas... No quieren entender que tienen que estar todas juntas. Es peligroso que anden sueltas, sobre todo de noche. Puede venir un lobo con hambre o algún ladrón haciendo de las suyas. Ellas no lo entienden. ¡Ayayay...!, si no estuviera yo aquí... no sé cómo funcionaría esto...

Y muy diligente, Coraje, que así se llamaba el perro, fue corriendo raudamente a traer a la ovejita distraída que se había separado del redil. Corrió y corrió.. y la trajo medio a los empujones hacia donde estaba el resto. Y allí la dejó pastando con las demás... –Bueno, ahora sí, a dormir, que bien merecido lo tengo. Ya comí bien... Así que voy a disfrutar de un buen descanso al lado de mi amo. –Ni bien pegó los ojos, o mejor dicho uno sólo, porque los perros suelen dormir con un ojo cerrado y el otro atento a lo que pueda suceder, se despertó sobresaltado.

-¡¿Qué es esto...?, de pronto se puso de día...! ¡¡Cuánta luz!! ¡¡Qué es esto!!-se preguntó. Y el cielo resplandecía y resplandecía cada vez más, hasta llegar a ponerse todo blanco -¡¡Qué es está luz tan fuerte que me hace cerrar los ojos!!...

–Y, ante su asombro, vió el cielo vestirse de fiesta. Unos hermosos seres blancos, muy grandes y alados se desplazaban suavemente por él y cantaban hermosas melodías... –No se las oí nunca antes a nadie.-pensó.

-Y se quedó embelesado mirando el maravilloso espectáculo. Ya no le molestaba la luz, ahora miraba y miraba deslumbrado mientras jadeaba en un maravilloso éxtasis perruno al que los seres humanos no podemos acceder. Y su abstracción fue tal, que se olvidó del amo, de las ovejas, de los demás pastores que habían acampado junto a ellos... y también de los otros perros compañeros de tareas.

Pasaron unos segundos, o tal vez horas... y, al volver de su ensimismamiento, observó que los hombres dormían, pero que todos los perros estaban mirando el cielo, como él. Y las ovejas... pareciera que de golpe se hubieran vuelto todas, hasta las más adultas, como pequeños corderitos, y retozaban como si recibieran “mimos” de los seres alados.

-Ah... –reflexionó. Entonces ellas también se dieron cuenta de lo que yo estoy viendo... Sólo los animales lo percibimos... Pero...¿y qué les pasa a los hombres que están todos dormidos?- se preguntó extrañado.