lunes 30 de junio de 2008
Vida de perro
¿Cuántas veces cumplimos literalmente esta ley? ¿Hemos prestado verdadera y profunda atención a cómo se desarrolla un día en la vida de nuestros perros, por ejemplo? ¿Les estamos dando realmente todo lo que ellos necesitan? ¿Viven integralmente felices? Muchas preguntas como éstas surgen de nuestro interior cuando leemos el artículo precedente de la declaración a favor de los animales.
Nuestra vida cotidiana suele transcurrir en medio de una serie de obligaciones, compromisos, horarios y también entretenimientos, reuniones y paseos. Mientras nosotros vamos y venimos de aquí para allá en medio de la vorágine de actividades que nos impone la vida y a veces también que nos hemos impuesto nosotros mismos, dos ojos brillantes y atentos siguen cada movimiento y cada detalle de lo que hacemos. Es nuestro perro, que no tiene nada en la vida más importante que hacer que seguirnos con la mirada, movernos la cola, invitarnos a jugar, pedirnos comida... y, en fin, depender absoluta y totalmente de nosotros. Somos prácticamente la razón, el impulso, el estímulo de su existencia, el objeto de su perruno amor.
¿Qué lugar ocupa él en medio de nuestras idas y venidas? ¿En qué espacio de nuestro pensamiento y de nuestro corazón lo hemos situado? ¿Cómo manifestamos en “hechos concretos” nuestro amor hacia él o hacia ella? “...vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad que sean propias de su especie”, significa también “amor en acción”, tiempo dedicado a expresar sentimientos, a interrelacionarse, a construir y disfrutar la mutua compañía. Sus condiciones de vida tienen que ver básicamente con el amor bajo todos sus aspectos.
Uno de esos aspectos, y fundamental para nuestro amigo, es la buena alimentación. ¿Qué le damos de comer? ¿El alimento que tenemos al alcance de la mano, porque es más cómodo para nosotros sin cerciorarnos “realmente” de cómo está elaborado? Es bueno que nos informemos bien sobre los alimentos para animales domésticos antes de seguir dándoselos. Es “un verdadero horror” lo que esos alimentos contienen. En una próxima publicación hablaremos de este tema tan álgido. Si dedicamos tiempo para cocinar nuestra comida nada nos cuesta dedicar un tiempito más para preparar “su comida”.
Para que viva en ritmo y libertad es fundamental respetar sus horarios y necesidades de salidas, de socialización, de tener siempre a su disposición agua limpia y fresca, de vigilar su salud mediante el alimento, la visita periódica al veterinario, el cepillado y las vacunas que requiere. También, y muy importante, es darle una vida familiar tranquila y armónica, eso repercute muchísimo en su salud. Una familia amorosa que vive en la armonía de la relación de todos y cada uno de sus miembros, da por resultado un perro sano, tranquilo y feliz. Muchas veces ellos se enferman porque el entorno está tenso, nervioso, hostil. Nuestro perro es una esponja que absorbe todo lo que sucede en el hogar. Cuando el perro tiene “problemas de conducta”, por lo general los que tienen que modificar la conducta son los demás integrantes de la familia. Casi siempre el perro es la víctima y no el victimario.
Y por último, quiero hacer hincapié en “la libertad” o sea autonomía, independencia. Él tiene derecho a disfrutar de la libertad de hacer sus travesuras caninas (por supuesto si esto no afecta su vida, su tranquilidad y la del resto de los miembros de la familia. Nuestro perro es un miembro más, que como el resto tiene deberes y derechos en el seno del hogar), libertad de correr, libertad de olfatear, libertad de ladrar, libertad de elegir los alimentos que más le gustan dentro del menú que nosotros hemos ya escogido como mejor para él, libertad de jugar cuando lo desea y de no jugar cuando no quiere hacerlo, libertad de dormir sin ser molestado, de permanecer en su cucha el tiempo que lo desee sin que nadie lo perturbe, libertad de morder y romper sus juguetes, libertad de estar a solas cuando no tiene deseos de socializar... y todas las libertades que se nos puedan ocurrir dentro de las propias de su especie.
Con éstas y otras reglas sencillas que cada uno de nosotros irá descubriendo en esta maravillosa convivencia humano-animal, lograremos, al menos en lo que a nuestro hogar respecta, no sólo cumplir con una ley sino dar a nuestro amado compañero lo que él se merece.
lunes 9 de junio de 2008
El perro como integrante de la familia
Son muchos los roles que se le conocen al perro. Hoy en día, observamos perros lazarillos, perros guardianes, perros cazadores, rastreadores, pastores, etc. Pero entre todos esos roles, quizás el más importante sea el de integrar la familia humana.
Nuestro perro viene, genéticamente, de constituir una manada. Esa manada era una pequeña sociedad, donde cada integrante sabía cumplir a la perfección con el rol específico que le correspondía. Porque antes que el perro fuera perro, como lo conocemos actualmente, fue lobo, y vivía integrando una manada. Cada lobo tenía bien diferenciado su rol y cada uno sabía lo que debía hacer y hasta dónde le estaba permitido.
Cuando el perro llega a nuestro hogar, tiene impreso ese recuerdo en su ser, a través de toda su genealogía. Él desea y necesita saber cuál es su lugar, qué rol le corresponde, cuáles son sus derechos y cuáles sus responsabilidades. Somos nosotros, los humanos, quienes debemos enseñárselo, con muchísimo amor y con gran paciencia.
Los perros comparten nuestra vida familiar, y es inevitable que nosotros nos conectemos con ellos desde algunos de los vínculos básicos conocidos y practicados por todos los seres humanos, como ser, padres, madres o hermanos. Lo importante es reconocer que el nuevo miembro de la familia es un canis familiaris y no un homo sapiens, o sea, que pertenece a otra especie.
Y el perro debe conocer, desde su incorporación al hogar, quién es el jefe de la manada; lo será la persona de la familia que represente más autoridad para él. También tendrá que saber cuál es su espacio con su cucha, su agua y su comida. Y cuando tengamos dudas sobre alguno de estos aspectos, no dejemos de consultar al veterinario especializado en comportamiento.
En síntesis, el ideal que se debe buscar al incorporar un perro en el seno familiar es tener en cuenta que se trata de la introducción de un miembro que tiene obligaciones y derechos como los demás. Pero este nuevo integrante pertenece a otra especie, por lo tanto, por respeto a él y a nosotros mismos, debemos darle el lugar que él merece.
No debemos humanizarlo. Hemos de darle lo mejor para él como perro que es, no lo mejor para un humano, porque no es representativo de sus reales necesidades. Y tampoco debemos tenerlo en el hogar como un objeto decorativo o para que cumpla meramente una función de guardián sin darle el sostén afectivo que él necesita. Esto último también sería una falta de amor y respeto hacia él y hacia nosotros mismos.
Ejemplos de estas 2 posiciones pueden ser: 1) alguien de la familia le da de comer algo que es normal para las personas, pero extremadamente dañino para los perros, como ser el chocolate. Existen casos de perros que murieron por comer lo que para ellos es un verdadero veneno. 2) el perro tenido por guardián permanece todo el día afuera, en la puerta de la casa o en el jardín sin tener contacto con la familia ni con otros perros. La vida de este animal es monótona y triste. Recordemos que el perro es por naturaleza muy sociable y necesita estar en contacto con otros, ya sean perros o personas. En el caso de estar siempre solo, puede entrar en depresión por sentirse rechazado por la familia. La depresión también es capaz de llevarlos a la muerte.
Incorporar un perro a la familia es una gran responsabilidad. Se trata de un ser vivo, que siente dolores y tiene emociones igual que nosotros. Si no queremos afrontar esa responsabilidad, o pensamos que no vamos a tener tiempo o ganas, por el bien del perro y por nuestra propia dignidad humana, es sabio que no lo traigamos a casa. Una mala elección o una determinación hecha a la ligera, puede significar una gran tragedia en la vida de alguien inocente que no lo merece y en nuestra propia vida.
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domingo 4 de mayo de 2008
¿Perro o mascota?
Para comprender el significado de las palabras que usamos cotidianamente, a veces es necesario recurrir un poquito a la historia que hay detrás de ellos. Por ejemplo, para comprender el vocablo perro, debemos remontarnos a muchos siglos atrás.
Al principio, los perros eran lobos que vivían en manadas. Luego, muchos de ellos, dejando sus grupos, se fueron acercando al hombre. El primer encuentro entre ambos estuvo marcado por la conveniencia: El lobo se aproximó a los campamentos para comer las sobras, y el hombre aceptó al lobo para que lo ayudara en sus tareas. Más adelante, comenzaron a ir juntos a cazar y compartieron momentos muy significativos que los llevó a una mayor profundidad en su relación, pasando luego a convirtirse en un gran compañerismo que se fue impregnando de amor.
Con el correr de los tiempos el lobo se fue transformando en un animal doméstico. Obviamente, fue un larguísimo proceso. La evolución de la especie llevó siglos para dar como resultado al perro como lo conocemos hoy en día.
Algunos dicen que al lobo se lo comenzó a llamar perro como resultado del sonido prrr con que los pastores llamaban a los canes que los ayudaban en el trabajo. Otros la consideran una palabra de origen incierto. Y el vocablo can, proviene del latín canis, de uso poco frecuente en el idioma español.
Hace ya varios años, no sé precisar cuántos, se ha comenzado a usar otra palabra para referirse al perro. Tuvo un tímido comienzo y luego fue instalándose poco poco en la sociedad como una forma de mencionar al perro, pero también al gato y a cualquier otro animal doméstico que podamos imaginar. Esta palabra es mascota.
¿Pero qué significa, en realidad, mascota? Por lo general, se la usa como traducción de la palabra inglesa pet. Veamos el significado de cada una de ellas. Recurriendo al diccionario (que dicho sea de paso, “no muerde” y es bueno que lo usemos frecuentemente), vemos que el significado de pet es favorito, amorcito, mimado. Si buscamos el vocablo mascota, nos encontramos con algo totalmente diferente: mascota proviene del francés mascotte que significa amuleto y éste viene del occitano mascota que quiere decir embrujo, hechizo. Al mismo tiempo, esta palabra deriva de otra de origen germánico o celta, que es masca y significa bruja.
Como podemos observar, existe una enorme distancia entre pet y mascota. Yo, personalmente, me inclino sin dudas por la primera. No puedo imaginar a esas dulces criaturas que son nuestros compañeros como producto del hechizo de una bruja. En cambio el primer vocablo representa realmente lo que por lo general sentimos por ellos, que son nuestros mimados, nuestros amorcitos.
De todos modos, para nosotros, los de habla hispana, no está mal que hablemos en nuestro idioma y llamemos a las cosas, y a los animales, por su nombre. El perro es y será perro. Después vienen, por supuesto la cantidad innumerable de apodos tiernos que ellos nos inspiran.
No es fácil desarraigar costumbres cuando éstas se encuentras enquistadas socialmente y son de uso tan frecuente. Pero no estaría nada mal que tratemos de corregirnos a nosotros mismos en nuestro hablar cotidiano y que se lo enseñáramos a los niños. Tratemos de no nombrar a nuestros animales con esa palabra que no representa en absoluto lo que ellos realmente son para nosotros.
Cuando yo miro a mi perra, o a cualquier otro perro, de un vecino, de un amigo, por la calle, cuando los veo moverse, jugar, comer, dormir, cuando toman agua, cuando se interrelacionan... en fin, cuando hacen su vida de perros, me inunda una gran ternura y, realmente no puedo dejar de pensar que, en contraposición al hechizo, son el producto de un milagro; y en vez de una bruja, detrás de cada uno de ellos veo la presencia etérea y suave de un ángel guardián que los cuida y que les confiere ese don maravilloso del amor que sólo ellos saben expresar, a su manera perruna, por supuesto.
domingo 27 de abril de 2008
¿Animales explotados o respetados?
Cuando tengo la oportunidad de recorrer diferentes lugares al aire libre, ¡cómo disfruto viendo a los animales en su medio natural haciendo su vida con total espontaneidad! Observar los caballos corriendo por el campo, las vacas, ovejas, cabras pastando en la inmensidad, los cerdos en su chiquero y las gallinas, patos, pavos en su corral. Ver los pájaros volar de un árbol a otro, el hornero construyendo su nido, las gaviotas sobrevolando el mar.
Saber que los animales salvajes disfrutan de su hábitat, saltando los monos de rama en rama, los cocodrilos en los pantanos, los elefantes, las jirafas, los pumas, los leones, cada uno en su espacio habitual. Ver a los delfines retozando en el agua en libertad, porque quieren y como quieren. Las ballenas tranquilas ocupándolo todo y los peces pequeños ir y venir incesantemente por la vastedad de los mares. Ver las focas descansando en las playas y los pingüinos andar siempre de gala con su traje impecable.
Ver a cada perro y a cada gato con su familia humana, cuidados, protegidos y contenidos por el amor. Ver que cada animal doméstico ha ganado en el hogar un honroso lugar y es tratado con respeto y ternura como miembro de una manada muy especial. ¡Cómo disfruto viendo perros felices de paseo con sus amos, saltando de alegría por un merecido hueso o moviendo la cola mientras reciben amorosas caricias!
¡Pero qué profunda tristeza embarga mi alma cuando los caballos son obligados a llevar pesadas cargas con las que apenas pueden moverse, cuando las vacas viven todos sus días en un espacio de 2 x 1, las aves de corral no conocen el corral sino la jaula, cuando los pájaros no vuelan libremente sino que sobreviven porque les recortaron las plumas de su libertad en una cárcel de minúsculas dimensiones, cuando los zorros se transforman en carísimos abrigos, cuando los osos pasan sus días detrás de los barrotes como presidiarios, cuando las focas son víctimas de la barbarie humana y los pingüinos tienen injustamente negro su su elegantísimo frac.
¡Qué dolor ver toros que mueren inútilmente, leones, delfines, tigres, obligados a entretener a la gente, porque sí! Qué angustia cuando un pájaro, una paloma cae bajo la injusticia de la piedra de una mutilante honda... ¡Qué pena me produce cuando los perros andan vagando solos por las calles buscando infructuosamente a un dueño que nunca va a aparecer porque en realidad quiso “deshacerse” de él! Qué tristeza verlos flacos, enfermos, asustados, incomprendidos e ignorados por la gran mayoría de los seres humanos. La maldad y la indiferencia suelen ser primas hermanas.
Pero, ¡qué hermoso es ver que también hay gente con un corazón compasivo y afectuoso! Gente que se juega por amor a los más débiles. Personas que trabajan, casi siempre desde el anonimato, para ayudar a los animales, incansablemente y sin esperar ninguna recompensa, sólo una lamidita, un relincho o un miau de gratitud.
¡Qué reconfortante es saber que hay personas que rescatan a un caballo que sufre bajo el peso indignante de la ignorancia y la maldad y lo curan, lo atienden, lo alimentan y lo aman! Personas que dan de comer a los gatos abandonados en baldíos y en hospitales y que todos los días, religiosamente, van con su banquito y una bolsa llena de comida para alimentarlos. ¡Cómo alienta el alma saber que hay gente que sacrifica su descanso, tiempo con su familia, da dinero, a favor de los animales necesitados! Personas sensibles que recojen un perro enfermo y lo llevan a su casa, le dan de comer y luego al veterinario para ser curados.
El artículo 2 de la Declaración de los Derechos de los Animales nos dice :
“a) Todo animal tiene derecho al respeto.
b) El hombre, como especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros animales o de explotarlos, violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales.
c) Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.”
Veamos cuándo y dónde se cumple o se viola esta declaración. Los animales son inocentes e indefensos, no pueden levantar su voz para pedir justicia. Somos nosotros, los que amamos a los animales, los que podemos ayudarlos. La responsabilidad es nuestra
miércoles 9 de abril de 2008
El comportamiento de nuestros perros
Y en este último punto quiero hacer hincapié. Como no existen dos personas iguales, tampoco existen dos animales iguales. Y pensemos, si nuestro perrito es mestizo no podremos definir tanto ni generalizar cómo es y cómo se comporta según estrictos parámetros, depende de cuál sea su genética. Por supuesto que hay conductas que se repiten, ¡qué duda cabe! ¿Acaso los seres humanos no tenemos también comportamientos repetidos y similitudes unos con otros, por el simple hecho de pertenecer a la raza humana? Claro, nosotros también podemos tener diferentes conductas, según nuestra raza sea negra, amarilla o blanca. Pero entre los seres humanos también los hay mestizos.
Todo ser viviente viene a este mundo con una riqueza que le es propia, que es su temperamento, su personalidad. Miremos un instante a nuestro amado amigo y tratemos de descifrar, de entender, de “meternos en su piel”. Nuestra característica humana del razonamiento nos capacita para comprender al otro que es diferente a nosotros, sólo tenemos que practicarlo.
No humanicemos a nuestro perro. Primero que nada debemos entender que él no es una persona sino un animal, ni mejor ni peor que nosotros, simplemente diferente. Tratemos de ver por qué se comporta de una manera u otra, que le está pasando. Si “se porta mal”, antes de castigarlo, averiguemos el por qué de su actitud. Las conductas “no deseables” obedecen siempre a una causa.
Muchas veces, los malos comportamientos son producto del hogar, de lo que se vive en la casa. Los perros se mimetizan mucho con sus dueños. Si nosotros estamos atravesando un mal momento personal o familiar, ellos se verán afectados. Si los miembros de la familia acostumbran a gritarse o tener malos tratos, tendremos perros agresivos o nerviosos o temerosos, según sean las características naturales de su personalidad.
Para corregir conductas no hay nada mejor que recurrir al veterinario, y si es un homeópata, muchísimo mejor. La homeopatía veterinaria es un avance maravilloso de la ciencia que hace un bien tremendo a nuestros animales y con muy poco hace mucho a favor de ellos.
Y finalmente, y por sobre todas las cosas, tengamos mucha paciencia, perseverancia y respeto por ese ser viviente que es miembro de nuestra familia. Recordemos que “el amor es paciente, es benigno, no busca lo suyo, no hace nada indebido... El amor todo lo puede”. Si tenemos el amor como guía nos vamos a equivocar mucho menos, y veremos perros más felices. ¿Acaso no es hermoso verlos sonreír?
sábado 22 de marzo de 2008
Sobre la declaración universal de los derechos de los animales
En 1977,
Es conveniente que todos tengamos en cuenta que esta declaración existe, que debemos conocer lo que dice y también hacerla conocer. Es nuestra obligación como seres humanos que somos, en el más alto nivel de la escala zoológica, mirar por los derechos de los más débiles, bregar por su bienestar. Cada uno, desde su lugar, puede hacer algo a favor de los, a veces, tan injustamente sufridos animales (digo “a veces”, porque, gracias a Dios, también vemos animales cuidados, queridos, comprendidos y contenidos).
Una de las primeras cosas que es conveniente que hagamos, es conocer esta declaración universal, cumplirla y esforzarnos por que se cumpla.
Aquellos que tenemos niños alrededor: padres, tíos, abuelos, maestros... no dejemos de enseñarles e inculcarles el amor genuino por los animales. Los niños no saben si no hay quien les enseñe. La energía de la típica crueldad infantil, producto de su crecimiento y del efecto de los medios de comunicación, debe ser controlada, vigilada y transformada en una energía positiva para proteger y cuidar, y no usada para agredir o lastimar. Ellos debe conocer y entender que un animal no es un objeto ni mucho menos. Ellos deben saber que un animal es un ser vivo que siente el dolor, la alegría, el hambre, la tristeza, igual que nosotros. Si educamos al niño tendremos una mejor sociedad futura.
Echemos una mirada a lo que dice el artículo 1 de la declaración universal de los derechos de los animales:
“Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia”.
Meditemos sobre lo que dice este artículo y veamos si alrededor nuestro se está cumpliendo esta premisa. ¿Existen en nuestras inmediaciones animales en peligro de muerte o sufriendo malos tratos? Que nuestra voz se haga oír ante quien sea. Unámonos con otros que tienen el mismo sentir. Acudamos a las entidades que se ocupan de los animales que sufren. Tratemos de rescatarlos. Denunciemos lo malo. No nos quedemos callados. Cada cual puede hacer algo desde su lugar. No permitamos que la injusticia, producto de la maldad del hombre, caiga sobre los inocentes.
Y aquellos que somos creyentes, que tenemos un llamado de Dios a la oración, no dejemos de elevar nuestra plegaria constante a favor de los animales. Sabemos que “la oración del justo puede mucho” no omitamos el “levantar la voz por los que no tienen voz”. Sin dudas, Dios responde. Y vamos a ver milagros en la vida de nuestros amados amigos.
lunes 28 de enero de 2008
Hoteles para perros
Gracias al marketing por internet, las posibilidades se amplian. Planear un viaje, ya sea de vacaciones o no, se torna cada vez más fácil, dado que las ofertas abundan. Esto, por supuesto, si contamos con el dinero o la tarjeta de crédito disponible para usar y si no somos personas a las que las múltiples opciones las apabullan.
Todo parece estar muy lindo, y la palabra viaje o la palabra vacaciones, nunca tuvo sonido más agradable para nosotros que al ser protagonistas del evento. Pero dirijimos nuestra mirada un poquito hacia abajo... y nuestros ojos se posan en alguien más... ahí está él o ella... Con su carita ingenua y sus ojitos dulces nos mira sonriente como queriendo descifrar qué es lo que está sucediendo. Desde su inocencia parece decirnos : “¿Qué pasa? ¿hay algún problema?...”
Allí comienza la otra parte del viaje, la que no habíamos calculado, obnubilados como estábamos pensando en nuestro proyecto, se nos había escapado del plan el otro miembro de la familia. ¿Qué hacer? No es fácil decidir dónde lo dejamos. Muchos hoteles no admiten perros y si no vamos con auto la situación se complica un poco más, por el traslado.
Algunos optan por los lugares donde albergan perros en forma temporaria. Pero, por favor, pensémoslo bien, asesorémonos si ese lugar es un sitio digno para dejar a nuestro compañero, si va a tener el espacio, la comida y por sobre todas las cosas, la contención que necesita y merece.
Pensemos, en el mejor de los casos, que estos sitios pueden estar instalados bajo todas las normas de higiene, cumpliendo las reglas y con una excelente intención, en este aspecto, de parte de sus dueños. Pero lo que le conviene a nuestro perro lo tenemos que decidir nosotros mismos y no las “buenas leyes sanitarias”.
Analicemos la situación de nuestro animal. El o ella necesita sentirse como en casa. Ya bastante traumática es la separación, que ellos, en su mente canina, piensan que es definitiva; o como su concepto del tiempo es diferente al nuestro, pasan días y noches ansiosos esperándonos. Y la espera es una larga tortura...
No quiero, con esto, extender un manto de oscuridad a la alegría de las vacaciones, sólo pretendo que pensemos en todos los detalles, que miremos la situación desde la posición de nuestro perro, que por algo es integrante de la familia. Sería interesante, ya que no va a contar con nuestra presencia por unos días, que por lo menos quede en casa, donde están los olores conocidos, su espacio personal... y también convendría dejarle algún objeto nuestro, como una media o una remera vieja para que de alguna forma nos tenga con él.
Planifiquemos todo varios meses antes de viajar. Si el perro queda en casa, tenemos que tomarnos el tiempo de encontrar a “esa persona especial” que va a hacerse cargo de él, que lo sacará a pasear, le dará de comer, procurará que nunca le falte agua fresca, y, por sobre todas las cosas, que hará todo lo posible para que ese tiempo sea lo más llevadero para él, dado que es inevitable que nuestro perro nos extrañe. Por todo esto es importante que esta persona ya sea conocida por nuestro perro y aceptada como alguien familiar.
Si hemos agotado todas las posibilidades buscando entre vecinos, amigos, familiares, y esa persona no aparece, tendremos que optar por llevarlo con nosotros o buscarle el lugar apropiado dentro de ésos que hay en plaza. Esto toma tiempo porque, como dije anteriormente, debemos ver todos los detalles de ese lugar, teniendo en cuenta la felicidad y el bienestar de nuestro compañero por sobre todas las cosas.
Primero, elijamos “con sabiduría canina” el lugar apropiado, veamos en qué condiciones están los perros que habitan allí y tratemos de asesorarnos a través de otros, en lo posible que sean de nuestra confianza, que ya hayan vivido la experiencia de dejar a su perro en ese mismo sitio. Husmeemos y olfateemos como sabuesos antes de determinarnos por “el lugar”. Una vez elegido, es aconsejable que, antes de llevarlo, vayamos 2 o 3 veces a visitarlo con el perro, para que se familiarice con los olores y con las personas. Y cerciorémonos una y mil veces de cómo él va a estar allí. Llevémonos el número de teléfono y no dudemos en llamar desde donde estemos para saber cómo andan las cosas.
Y ahora relajémonos y miremos esos hermosos días de descanso que nos esperan. Disfrutemos en familia y repongamos fuerzas. Pero recordemos, por sobre todas las cosas, que a nuestro regreso alguien, moviendo la cola, nos espera ansiosamente. Y con una lamidita de bienvenida nos dirá: “Cómo te extrañé... pero, ¡qué suerte que ya estás acá...!